27.12.09

PRIVACIDAD


Para mi amigo Raimundo,
pues sin él no habría llegado
nunca a este relato.


El sujeto bajaba dificultosamente las escaleras intentando esconder su fechoría. Encontraré la forma para no comportarme de manera extraña ahora que ya no está, solo para no levantar sospechas, pensaba, mientras las descoloridas y parpadeantes luces de la escalera iluminaba su rostro y el frío y retumbante silencio se interrumpía por el estruendo, las risas y la música salidas de algún vehículo a lo lejos. Durante la noche la mayoría de los sonidos parecen lejanos, decía para sentirse seguro de que no sería oído, pues estaba consiente del ruido que hacia con ese torpe caminar en aquél pasillo solitario.


Un vehículo se detiene a su lado justo en el momento en que el rojo invade la esquina, trata de evitar llamar la atención de la mujer al volante, pero ella parece oler su nerviosismo clavando sus ojos en la mirada nerviosa del sujeto, y luego, en el negro y deforme bulto que cuelga de su hombro. Al cambiar la luz, el automóvil se marcha raudo por la calle solitaria, el sujeto logra salir del transe que lo mantenía paralizado y camina detrás del vehículo.


¿Cómo lograré que los niños no la extrañen? Decía al descansar bajo un árbol que lo ocultaba. Miraba sus manos enrojecidas y la sangre que se secaba en ellas -tal ves debí tenerle mas paciencia, pero sus alaridos sin razón, esa manía de meterse en todo, su incesante cacarear me estaban enfermando –un perro se acerca a olfatear el bulto que yace en el suelo- sé que no debí ser tan agresivo, después de todo me acompaño durante toda mi vida, -un vehículo rompe el silencio en la otra cuadra- la conocía desde niño -recoge su carga otra ves- al diablo lo que piensen los niños, esto lo hice por mi -se pone en marcha.


Realmente era una pesada carga.


Cuando di el primer golpe y escuché ese grito de dolor solo pude enfurecerme mas aún, no debí dejar que la niña lo presenciara, se que costará mucho mantenerla callada, cuando vea que no regreso con ella “de una sola pieza”, como suele decirse, comenzará a hacer preguntas y buscará la manera de decir lo que ocurrió a todo el mundo, tengo que hacerla entender que así será mejor para todos.


A la mañana siguiente una fina capa de hielo cubría al bulto amontonado entre cajas de cartón y material de embalaje, nadie parecía percatarse de él. En su cama, dormía inquietamente un sujeto con pedazos de plástico y vidrio incrustados en sus manos, mientras en el comedor, una niña lloraba lastimosamente y en silencio frente al espacio vacío donde hasta la noche anterior, estuvo ubicado el televisor.



4.12.09

PROYECTO DE REIVINDICACIÓN DE LA REALIDAD



Para empezar debemos darnos cuenta que nada tiene un sentido real e irrefutable. No ‘vivimos’ ‘aquí’ ni ‘ahora’, estamos en un plano diferente de la realidad, en un ‘momento’ en el que suceden cosas extraordinarias detrás de toda la maraña de ilusiones que conforman este plano que falásmente conocemos como realidad. Este plano, el que todos conocemos, está conformado meramente de espejismos convencionales. Nos auto convencemos de muchas cosas en un estúpido movimiento de convencimiento convencional que nos subyuga a planos inferiores de nuestro razonamiento, nos limita y nos obliga a banalizar todos nuestros actos que, naturalmente impregnados de la magia de la creación, del adanismo, terminan siendo basureados por conceptos como ‘el éxito’ y la ‘movilidad social’. No existe tal movilidad si no es entendido desde un plano espiritual y no existe tal espiritualidad si no se abandona definitivamente el egoísmo, comprendiendo egoísmo como la suma de predisposiciones destinadas a exaltar el ego, el yo, o el self jungeano. Sin pretender caer en religiosismos medievalistas me permito recordar la figura de cristo cuando dicta los pecados capitales: odio, envidia, pereza, avaricia, lujuria, gula y soberbia. Entiendo estos actos como las características del egoísmo que nos clavan a la tabla mundana de la mediocridad.


Es preciso partir por alguna parte.


Muchos han tildado al arte como satanista y comparto su opinión. El arte no es mas que otra de las realidades superpuestas a la base etérea y sutil del universo. Un lindismo que entretiene. No es que el Gran Hombre no se divierta o sea un ser parco y huraño por comprender la realidad, al contrario, su regocijo recae en su conciencia, no en su embotamiento de los sentidos, en su contemplación, no en su ceguera. El sabio es como un cuenco vacío en el cual todo puede ser contenido. El arte llena los espacios con figuras fútiles, carentes de semas significativos para el alma del receptor, no es más que un gran dispensador de orgasmos superficiales y esporádicos. El movimiento es sencillo, es el escoger con que se llena el cuenco, con plástico o con la nada eterna, la misma nada de la que está conformado el espacio interestelar, de plasma, de antimateria, de lo que existe entre el núcleo y los electrones de un simple átomo de hidrógeno: la nada que lo contiene y soporta todo.


Para el presente proyecto de reivindicación de la realidad propongo humildemente el primer paso a través de la reivindicación del arte como elemento divino y no satanico. El plan es ganarle terreno a la pseudorealidad que lo carcome todo, como en La Historia Sin Fin. Empezar con el arte y seguir con el resto, regresando a “Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. Y para esto llamo a un concilio en el que discutamos nuestro primer movimiento al que llamaremos: La destrucción de los falsos ídolos, y de los cuales propongo empezar por el mas grande: el Dinero.


Se reciben propuestas…


28.11.09

LA GRAN IMAGEN


"Dirigimos a él la mirada pero no lo vemos.

Lo escuchamos atentamente pero no lo oímos.

Tratamos de cogerlo pero no lo sentimos.

Su aspecto superior no es luminoso.

Su aspecto inferior no es obscuro.

No sabríamos como nombrarlo.

Forma sin forma.

Imagen sin objeto.

Es el obscuro caos.

Si le enfrentásemos no veríamos su rostro.

Y si le siguiéremos no veríamos su espalda.

Forma sin forma.

Imagen sin objeto.

Es el obscuro caos.

Si le enfrentásemos no veríamos su rostro.

Y si le siguiéremos no veríamos su espalda."


Lao Tze.

Tao Te King


¿Qué podía echar en mi mochila? Calzones, un par de poleras, algo para el frío, un pantalón, más el que llevo puesto y la weá indigna se llenó altiro, con cuea entró el cepillo de dientes en un rincón, seguro se me rompe, pensé. Estaba helado y los pies me dolieron al dar contra el cemento. Ahora a caminar.


¿Qué es esto? ¿Escolar? Son las dos de la mañana, no podis pagar escolar a esta hora. Pero señor, por favor, si no me lleva me quedo en la calle. No tengo más plata. De verdad. Ya sube cabrita, pero ultima ves, ¿donde te dejo? Donde sea, yo le aviso, decía mirando por la ventana las cortinas metálicas cerradas como cansadas pestañas en los locales comerciales.


La mala cuea que la micro pasaba por otro recorrido. Uno que no conozco. Me bajé donde vi algo conocido y no se donde mierda estoy. Ojala no se me acerque niun flaite.


Agarraba su mochila lo mas fuerte posible y caminaba dando los trancos más grandes que sus cortas piernas podían dar. La pelea había sido fuerte esta vez. Ella no había tenido nada que ver, pero no quiso seguir soportando ese lugar tan lleno de gritos, de llantos. La almohada se había empapado en su refugiar lastimero. Allá fuera todo es gratis, pensó y tomó sin darse cuenta su remendado bolso de colegio para empezar a echar ropa. Ahora lloraba por que no sabía donde estaba ni tenia como regresar a su casa. No quiero volver allá, ya me fui, que se pudran, que se vayan a la mierda. Fuck off! con su modelo de familia putrefacta, yo no quiero eso para mi, prefiero estar acá.



¿Quien será? Cállense mierda que parece que buscan. Por la ventana alguien tiraba piedras. Bajen la música y dejen de cagarse de la risa. Por la chucha, ya les dije. Ho! Pequeña, eres tú, ¿que haces aquí a esta hora? Quiero que me cuides, no tengo donde ir, mis papás se pelearon de nuevo, estoy chata de tanta basura. Bien, espera que te abro la puerta, no metay ruido.


La habitación era estrechísima, tenia una cama, un TV lleno de polvo, parecía que nunca lo hubiesen usado. Un baño pequeño también pero bastante útil, por todos lados había gente bebiendo, atracando o fumando yerba, algunos cigarrillos pisoteados en el piso y otros devorando el cobertor que ya parecía una malla de hoyos carbonizados. Pasa, pero no se donde acomodarte, ayúdame a tirar al baño a estos que se murieron. Ya está ¿que te pasó? Nada, solo quería estar fuera un rato, y no sabia donde ir. Oka, aquí vas a estar bien. ¿Te gusta la música?


Break on trough to the other side(8)


Break on trough to the other side(8)


Break on trough to the other side yeah(8)



¿Cómo se llaman tus amigos?


El que está atracando con las dos tipas es el Varón John, ellas son Violeta y Roció, él es el Yerba, el que esta recogiendo las colillas es Pablo, el de allá es Rodrigo, a Arturo lo acabamos de dejar en el baño junto a Allan, yo soy nadie y tu eres tranquilidad ¿ok? ¿quieres algo? Listo, aquí tienes, disfrútalo, relájate. Estás en tu casa.


En nuestra casa.


De un momento a otro comenzaron las figuras, los espirales en las paredes, nunca se de donde vienen, me había pasado un par de veces antes y no kacho porque aparecerán, quizás algo se ha manifestado, habrá que averiguar que es ¿no crees chiquita?.


Por un momento pensé que estabas solo, pero me alegra llegar a una fiesta, me hace bien. Esto no es una fiesta, estamos recorriéndonos, cada uno a su manera, yo lo hago mirándote, tu lo has hecho llegando. Pero mira que espiral mas hermoso es el que has hecho aparecer ¿no te parece? Quizás ahora debieras tomar una decisión, cada espiral es como una estrella fugaz, solo tienes un segundo para decidir antes de que tu espiral cambie de dirección y la pregunta cambie. Que nadie sepa lo que decides, si atañe a alguien solo hazlo saber con un acto, genera el ambientes, no con la vulgar verbosidad que la cultura nos ha impuesto. Mira, concéntrate, deja que el espiral se desenrolle y entre en tu mente, cuando no sepas quién está dentro de quién puedes decidir lo que quieras. Ese es tu mundo, tu Gran Imagen, nada estará entre tú y ella. Ahora ¿oyes el silencio? Es el Ruido Blanco, la Luz del Oído, lo alcanzaste solo con quererlo, aquí nadie lo ha podido ver nunca, lo se por tu mirada, yo tenia la misma impresión, el mismo temor a enloquecer cuando lo vi por primera ves, debe ser por que el resto solo se conforma al ver el espiral ese moverse, como si solo se formara en las paredes para hacer payasadas, no saben que es mucho mas funcional que eso. Entra.


Esa ves solo sentía la paz dentro de mi, no podía creer lo triste que estaba cuando tomé la micro y lo atemorizada que me encontraba a pensar que no encontraría a nadie, pero aquí estoy, mirando La Gran Imagen, y es hermosa, decirle hermosa es limitar su grandeza, es eterna, un dibujo sin bordes, un cuadrado sin limites. ¿Sabré con esto la decisión a tomar? Espero que si. Me pierdo en ella, me pierdo y quiero estar perdida para siempre, a lo lejos sigo oyendo las voces, las risotadas y chocar de botellas, pero aquí dentro nadie me perturba, solo mi voluntad me ha hecho presente y me siento orgullosa. De a poco los sonidos cesan y la calma es total, los oídos se regocijan de no oír nada, de no ensuciarse. Me quedaré aquí para siempre. Estaré aquí desde siempre... siempre.



Los rayos del amanecer rompieron por la ventana cuando las aves comenzaban su griterío habitual, no hacia frío, estaba en un saco de dormir que alguien me prestó la noche anterior, todos dormían. La pieza estaba sumida en un mar de bruma, quise moverme para ir al baño, me dolía un poco la cabeza, quería algo para tomar. Una mano se estira con una botella de coca-cola a medio beber. Tómatela toda, el resto vomitaría de solo olerla. Lo miré y estaba dentro de una nube olorosa sentado junto a mi, tenia un pito en la mano y fumaba como si no lo hubiera hecho durante meses después de toda una vida elevándose. Los rayos cortaban su silueta contra el humo picante y su paz, mezcla de sueño y ensueño me tranquilizaron otra ves. Bebí la mitad de la coca-cola, di tres caladas de lo que él fumaba y volví a dormir queriendo soñar y regresar para siempre junto a La Gran Imagen.






LA MANIFESTACIÓN


Es que estaba como varado.


Me desperté y comencé a caminar, y claro, como no había comido y el sol pesaba tanto ese día me cansé bastante pronto. ¿alguna ves has escuchado que algunos tipos de ballenas mueren cuando varan por el daño que el propio peso de sus órganos les producen? Así me sentía ese día... hasta que te levantaste. Todo fue como... como... no se, pero llegaste y sentí que mis órganos pesaban menos y ya no me desgarraban las entrañas.


Pero no se de donde saliste, solo apareciste ¿te levantaste del suelo? ¿caíste del cielo? ¿o solo te materializaste?


Te vi como una prolongación de mi destino, como una encrucijada con los brazos abiertos ¿qué significas? ¿qué me detenga frente a ti, para contemplarte, para extasiarme? ¿y después?


No quiero pasar a tu lado sabiendo que uno de los caminos es el equivocado.


¿y si no te vuelvo a ver?


Trataré se acompañar tu manifestación lo mas posible, solo si no te molesta, para saber cual es la decisión que debo tomar. Solo trata de no irte como llegaste hasta que tenga todo claro.

DISCOTEKE



¿Por que siempre que llego preferiría no estar aquí?.


Tomo un gran sorbo de lo que sea que esté en mi vaso y escucho lo que sea que entre en mis orejas...


Una chica baila desenfadadamente cerca de mí. Permanezco tieso. Pétreo. Casi occiso mirando sus caderas. Se vería tan linda si se quedase quieta por un maldito segundo.


Avanzo entre esa multitud de cuerpos delirantes, sudados y hediondos de tanto aletear.


Respiro su derrota.


No se que mierda hago aquí. Encerrado. Asfixiado. Aturdido.


Pensé que hoy pasaría algo nuevo, algo bueno, pero todo es como siempre, la misma gente de ayer, la misma música de ayer, la misma sensación de ayer, y… sobre todo, me encuentro haciendo la misma reflexión que hice ayer. La misma reflexión que hice ayer.


En fin. Hay que moverse, hay que divertirse, o por lo menos, hacer lo mismo que hacen todos.


¡Salud!


-Oye tu ¿Quieres bailar?

22.11.09

DESCANSAR EN PAZ



Cuando conocí el City estaba con la Antonia. Era de noche. Una noche agradable. Verano. Seca y luminosa. No hacia frío y el cielo se veía como si estuviésemos en el campo o en la playa. Las estrellas brillaban más de lo normal, parecía que compitieran unas con otras por relucir cada una con más fuerza que la de al lado. Salimos del bella bastante tarde. A la exposición del Juan, que había sido un éxito según los críticos asistentes, le había seguido una minifiesta para los que estábamos invitados: cóctel, picadillo, copete. Ahí aprovechamos de comer algo. Teníamos el estomago más que vacío y el par de tragos que nos servimos nos hicieron efecto bastante pronto: arriba-de-la-pelota como decimos de donde vengo.

Cuando caminábamos por el parque ya era más de media noche y no había nadie en la calle. Caminamos un rato tomados de la mano hacia donde los pies nos dirigieran. Entramos por esa callecita extraña que está a un costado del parque: Estados Unidos. Pensar –me dije- que en Santiago hay una calle que se llama Nueva York y se parece más a Londres y esta calle se parecía más a una ciudadela de Tolkien que al imperio del norte. Nos metimos por ahí por que nunca hay gente a esta hora y también para evitarnos el punguerío que nos toparíamos llegando al mercado central. La Antonia tenía frío, así que nos fuimos lo más abrasados que pudimos ir sin tropezarnos. Yo estaba muerto de hambre, pero estar en la ciudad con ella era un sueño lejano que por fin se estaba haciendo realidad.

Recordé cuando la conocí en el teatro de conce, cuando yo estudiaba literatura y ella todavía estaba en el colegio, en el mejor de la ciudad. Recordé que tenía miedo, y pensé en todo el tiempo que tuve que soportar la idea de perderla por mil putas razones distintas. Pero ahora estábamos aquí y era lo mejor que podía ofrecerle: un paseo por el gran Santiago de noche, mirando el cielo y perdiéndonos entre los innumerables recovecos que esta ciudad nos ofrecía; sin comida ni un lugar donde dormir, pero por fin, después de dos interminables años estaba disfrutando la tranquilidad de poder abrasarla frente a todos en un lugar donde nadie nos conociera.

Nos habíamos propuesto escapar y lo estábamos logrando. Por fin nos sentíamos tan lejos de todo lo que nos asustó que no podía creerlo, quizás las estrellas por eso brillaban tanto. Cuando uno llora ve las luces con más fuerza y la felicidad me estaba haciendo sentir como una nena.

Cuando dieron las tres todavía caminábamos, ahora íbamos por Bandera conversando de lo que haríamos durante el año: yo había conseguido pega en un liceo de San Miguel, no el de Los Prisioneros, pero por fin tendría algo de dinero para pararme, ella había entrado a la Chile, a diseño, y veía el futuro como un paño blanco donde dibujar sus ideas. El mío ya estaba todo rayado, boceteado y manchado. Me había aburrido de probar suerte con mis cuentos. El editor me dijo que en Chile no se necesitaban dos Fuguet y que la formula de la ‘revolución del barrio alto’ no funcionaría igual si yo no era del barrio alto. Fue una pena, pero ya nada era tan importante como hacer planes.

Íbamos por la calle antigua de Santiago, entrando al casco histórico de la ciudad, pasamos por tribunales, nos fumamos unos cigarros que nos quedaron de la fiesta del bella. El brillo de las estrellas dio paso a una luna grandota como calabaza que salió de la cordillera. Nos paramos y la seguimos. Subimos hacia la plaza, inconscientemente resignados a pasar la noche en un banco o caminando hasta el otro día. Sin darnos cuenta nos vimos ante una construcción enorme, un edificio grande, antiguo y casi gótico, de paredes gruesas. Cuando leí el letrero casi grité de emoción.

-¡Antonia, Antonia, el City!- le dije apuntando al letrero rojo que zumbaba como una docena de abejas atrapadas dentro del tubo retorcido que formaba el nombre del edificio.

Pasemos, quedémonos aquí. Mañana vemos de donde sacamos más dinero. Podemos preguntar si tienen la 506 libre. Vamos, porfa”.

La convencí poniendo cara de pena y salí disparado cruzando la calle gritándole que se apurara.

Dentro, en el mesón, durmiendo en una silla, estaba un señor bastante viejo, con mangas en la camisa. La Antonia lo despertó como si estuviese despertando a un niño para ir al colegio.

-Señor, señor. ¿De casualidad tiene alguna habitación libre?

-Si mijita –respondió el viejo entremedio del bostezo- hace tiempo que este lugar no se llena como antes. ¿Qué hacen tan tarde caminando solos por Santiago? esta ciudad está cada ves mas peligrosa.

-No teníamos donde dormir, de hecho no pensábamos quedarnos en ningún sitio, pero mi novio -dijo mirándome y sonriendo- insistió en pasar a preguntar si tenían la 506 libre.

La Antonia nunca se había referido a mi como su novio, ni cuando estábamos solos. Cada ves esto se parecía más a los sueños que tenía constantemente en mi pieza diminuta de Concepción.

-Mmm... sí, la 506 está libre, hace tiempo que no la toman, está vieja y con algunas averías. Esa pieza tubo un tiempo en la que todos venían a preguntar si podían quedarse a dormir en ella, pagaban lo que fuera por una reservación, incluso la arrendaban por un par de horas en el día para tomarse fotos o para leer un libro. Ahora ya nadie la toma muy en cuenta.

-Que triste –le dije- hay tantas historias de este lugar que todavía deberían seguir contándose.

-Sí, yo pienso igual, pero al final de cuentas así son los negocios y el City, aunque tenga tantos recuerdos entre sus paredes, es solo eso: Un negocio. Un negocio que ya no es tan rentable como en sus comienzos, o incluso como hace un par de años cuando este lugar parecía estar de moda o algo así. Y ustedes chicos ¿a que se dedican?

-¿Nosotros? Yo entraré a la universidad este año y Luis es profesor recién egresado de Concepción. Nos vinimos antes de empezar el año a Santiago para salir de esa ciudad apestosa y estar tranquilos, aunque sin mucho dinero, pero tranquilos.

-Y juntos- dije tomando su mano.

-Bien, bien.- dijo el viejo asintiendo mientras se daba vuelta para buscar la llave- bien, bien –repetía para sí mismo estirando sus dedos nudosos y tiritones

esta es la llave, ¿la quieren solo por hoy cierto?”

-Sí, no tenemos mucho dinero. ¿Cuánto cuesta la noche?

-Mmm... Veamos, a esa pieza ya no va casi nadie, así que dudo que venga otra persona a pedirla, además ya es tarde, quizás ya no venga nadie más en toda la noche. Dejémoslo a mitad de precio y el desayuno corre por cuenta de la casa. ¿Les parece?

-Señor, no queremos molestarlo, podemos pagar el precio de una noche, de verdad.

-No se preocupen, además como ya les dije, esa pieza es vieja y ya nadie la quiere, quédense. El desayuno es hasta las 10 en el vestíbulo de en frente. Tomen, que pasen una buena noche, y descansen.- dijo entregándole la llave a la Antonia. Le di el dinero. Nos despedimos deseándole una buena noche y subimos a buscar la habitación.

Las escaleras de madera rechinaban con cada paso que dábamos. No podía soportar la ansiedad de entrar a la 506 del City. La buscaba en todos los pisos, aun sabiendo que estaba en el quinto, pero no lo podía evitar. Los focos del cuarto piso estaban malos, algunos no prendían y otros lo hacían con una luz media asquerosa y tiritona que le daban más aspecto de humedad al pasillo. Seguimos subiendo. Un piso más. Llegamos al quinto y salí disparado a buscar la pieza. Cuando la encontré la Antonia no estaba en ninguna parte, venía caminando tranquilamente con la llave en la mano, la escuchaba acercarse despacio y no entendía por que no se daba prisa en abrir la puerta, estaba seguro que lo hacia solo para fastidiarme.

Cuando le quité la llave y abrí la puerta quedé asombrado ¿por qué ya nadie querría dormir aquí? Era lo más hermoso que había visto en mi vida, tenía una cama con respaldo de bronce, un espejo grande, de esos que se agrietan cuando están viejos, un velador con una lámpara de cerámica y pantalla color beige. No había televisor. Las cortinas eran rojas y la ventana daba a la calle por la que habíamos subido.

Se escuchaba el zumbido del letrero en toda la pieza.

Me asomé al balcón pequeñito que tenía y miré un rato a la calle. Tenía la piel roja por la luz del neón. Podía sentir por fin a la paz que siempre quise que me acompañara, estaba aquí conmigo, en el hotel. Descansa Luis, descansa en paz- pensé. Llamé a la Antonia para que mirara conmigo la ciudad de noche, pero me respondió con un “tengo sueño, ven a acostarte”.

Cuando entré a la pieza ella se estaba metiendo a la cama, se había quitado la ropa, no había traído el pijama y decía tener frío. Se veía como la más hermosa aparición. Teñida de rojo por el letrero era lo más bello que podía imaginar. Me quité la ropa y me acosté a su lado.


-Nico, te amo.

-Yo también te amo Antonia.

-Abrásame, tengo frío.


Nos dormimos pronto, cuando cerré los ojos todavía la veía en mi cabeza, desnuda, vestida solo por la luz del letrero. Sentí un beso y sus manos abrasando mi pecho. Su cuerpo estaba frío. Tomé sus caderas y la besé en el cuello.


Esa noche no soñé, solo recordé su rostro en todas las formas que había adoptado en dos años y su voz diciéndome mil veces: Vuelve, vuelve cuando podamos estar juntos ¿me lo juras?

A final de cuentas no había tenido que volver a su lado como pensábamos, solo permanecí escondido del mundo a la sombra que me dio su cariño. Pensar que estaba aterrado y ahora dormía con ella en el City. Con mil cosas pasando por mi cabeza. Viéndola en el teatro fumando. Viéndola en mi pieza llorando, en el foro de la universidad tiritando pegada a mi cuerpo. La vi como mi gran temor y mi mejor experiencia en la vida.

En un momento todo se borró y quedé en blanco. Escuchando su respiración. La acaricié. Abrí los ojos y ella me estaba mirando. Medio dormida me dijo:


-Gracias por esperarme Luis. Te amo.


Y en mi cabeza no dejaba de repetirme: Bien Luis, lo hiciste bien. Puedes descansar en paz.




Conce, diciembre 2008.

VIENTO SOLAR



Era el tiempo como una bala. Destrozaba lo que tocara sin atrasos ni retrocesos. Bang! Bang! Bang! Te tengo en la mira, mira mi cabeza desordenada por los aconteceres. Mi redondecilla cabeza sin mas que un par de cosas que no quiere pensar. Tu mami parece que te violó, pero no te acuerdas, asi que no está tan mal, puedes seguir. Aver tu. Tu padre jugaba con tu hermana de 9 años, pero no te acuerdas, puedes seguir. Tu hermano desgarró la piel de tu trasero, recuerdas? No? Seguro? Ok, si tu lo dices... puedes seguir.
El agua quizás no te moje esta noche, piensas arrastrando los ojos en el asfalto, los pies duelen un poco. Has caminado mucho y no la encontraste. Mala suerte, quizás para la proxima.
El cine. El neon. El Paris donde trabaja la amiga, no le creas a Maori, pero si Maori es super sensato. El colegio en 'la loma de la chucha'. El perro que ya no está por ninguna parte. Todos se fueron con el viento del tiempo. Recuerdas ese viento rico que salía por las tardes en tu pueblito? Ese viento que te refrescaba la piel sudada despues de 12 horas de un infierno polvoriento y pegajoso? Ese viento es rico, se agradece, te recarga para salir con tu novia a fumar marihuana de noche caminando por las calles abandonadas del pueblo sin ley, del lugar donde los carabineros no te dicen nada por drogarte mientras no le pegues a nadie ni rompas nada. Este no. Este viento es como una llamarada solar que explotó mas potente de lo que los cientificos de la NASA hayan podido pronosticar. Fucking gringos!
Caminas. Una bala. Una llama. El tiempo es como mil weás destructivas a la vez. Rompe todo, hasta los pensamientos se te enredan pensando en él y eso te encabrona mariconamente los sesos.
Despertar pensando en la destrucción no es muy sano. Sentir los sesos calientes despues de tratar de conciliar un sueño decente te transforma en la peor persona del mundo. Saber que solo eres un ícono en un escritorio que no te agrada. Virus en todas partes. Basura. Ruido. Gente tragando cadaveres. Ni la limpieza que has procurado proporcionarte basta, deberías limpiar el mundo entero, piensas. Pero, te corresponde hacerlo? Tu, sujeto miserable, hoja mugrosa, garabateada, dansando como una estúpida bolsa plastica en el viento que desprecias. Que tanto vaz a hacer para solucionarlo? Abrete un hoyo en alguna parte para inutilizarte, para que te desechen de una vez por todas, para que no te metan basura dentro, ni comida, ni regalos. Una bolsa con un hoyo enorme en el culo es la mejor bolsa del mundo. Asi no te inflas. Asi no dansas como maricón. Asi no te usan. Asi eres libre tirado en el piso. Asi dejas de ser bolsa. Asi eres basura y a nadie le interesas.
Caminas, buscas sin querer encontrar, sin saber que encontrar. Un auto a toa raja. Eso es el tiempo. Un auto a toa raja que de vez en cuando se pasa una luz roja en la avenida mas trancitada de la ciudad. A veces el tiempo se lleva a mas de un peatón de un solo pencaso, piensas, la cuestión es saber exactamente en que esquina será esta vez. Esperar y crusar. Crusas y nada. Todos paran y sientes que el tiempo te sigue agarrando para el webeo.
Una bala que parece recta, pero desde que a los cañones les comenzaron a dibujar zurcos en forma de espiral en su interior que las balas no salen rectas, mas bien trazan movimientos circulares para que así esta viaje mas lejos y destruya mas masa encefalica al perforar un mayor perimetro del craneo. Y todos creen que sale recta. Y nadie sabe que siempre regresa a su misma posición pero cada vez mas adelante. Así es el tiempo cuando sale del sol más lejos de los que los gringos de la NASA han pronosticado. Te pilla en la calle justo cuando no piensas en él y te levanta del piso, te pulveriza contra el cemento, los sesos se te derraman por el agujero que el spin te dibujó en el craneo y miras para ver si alguien más ha caido. Algun dia alguien te pilla carbonizado en tu pieza, o en una esquina, alcanzado por una llama enorme que los gringos no supieron pronosticar y tu sabes que el tiempo ya ha hecho su trabajo. Ahora solo falta el olvido y serás libre. Antes de eso nada cambiará, pero algo es algo.

21.11.09

SOLEDAD


"Cause I'm never gonna stop the rain by complainin'
Because I'm free
Nothin's worryin' me"

En el universo existe un punto, lo llaman via láctea. Es una galaxia del tipo cumular en expansión más o menos constante. De un montón de años luz de diámetro. Se encuentra al borde de un gran cúmulo de galaxias de las cuales ella no es mas que otra más, al parecer, sin mayor importancia.

El profesor habla y no le logro (o no le quiero) entender. Tengo los ojos irritados y los oídos me zumban. El desayuno me cayó pesado, pero me siento bien. Siento que no necesito entender esta clase. Me da lo mismo. Solo quiero relajarme. Estar tranquila.

En la vía láctea existe un punto. Si la comparamos con la montaña más grande del planeta este punto sería del tamaño de la cabeza de un alfiler. A este punto lo llamamos Sistema Solar. Es un sistema planetario del tipo monoestelar, de tamaño relativamente estable (al rededor de medio y un año luz de diámetro). Pertenece a un conjunto de sistemas solares, como tantos otros, que contiene un sin fin de sistemas solares tanto o más insignificantes que este.

Ahora todos hablan. El profesor ha encargado un trabajo sobre la clase. Es en grupo y creo que no tengo con quien trabajar. No por que no pueda unirme a ninguno. A nadie le molestaría que trabajara con ellos, pero de verdad no quiero acercarme a nadie. Nadie parece ser una buena persona y desconfío profundamente de sus intenciones. Sólo voy a tomar apuntes y luego veo que hago. En todo caso mis amigos son secos pa esto, y ellos me van a ayudar.

En el sistema solar existe un punto, diminuto como un grano de mostaza, se llama Tierra, tiene siete hermanos = de insignificantes y ella es de las menores.

En la tierra existe un mísero, miserísimo atisbo de punto, se llama Antonia y ahora está sola entre miles de millones de puntos, granos de mostaza, miserables copos de nieve, granos de arena, pinheads, motas de polvo..., ..., ..., cada uno idéntico al otro. Agrupados o desagrupados. Lo que salga. Los copos con los copos, los granos con los granos, las semillas con las semillas, pinheads with pinheads... & yo, Antonia, que lo único que se me ocurre ahora es llamar por celu a mi novio que debe estar durmiendo, capeando clases, echándole la culpa a la lluvia o a los dolores musculares porst ganjah-sexo (como él lo llama).
El profe está hablando. Yo estoy pegada. Tengo hambre. Tengo queque, pero el queque me da hambre (no sé si se entiende). Llueve a chuzo y comienzo a contar las gotitas que ruedan por la ventana, veo como echan carreras y se coluden para ganar peso y llegar más rápido a la meta. El profe habla de Newton y le encuentro toda la razón... las gotitas tmbn. Me pregunto si acaso ellas entenderán que si no fuera por la física newtoniana ninguna ganaría la carrera y se perderían esféricas compitiendo ahora por avanzar hacia el más recóndito recoveco del infinito. Impresionante.
Pienso.
No entiendo las palabras con las que me habla la mente.
Comprendo.
Silencio.
Esto siempre ha sido agradable, me gusta la sensación, como que me hace caricia en los tímpanos. Me da un calorcito rico en el cuerpo. Me pongo cómoda y me siento tranquila. Tomo mi mente con un par de manos intelectuales y la manipulo como si fuese un calcetín. La estiro. La doblo y la enrollo sobre si misma. Me contemplo y Bang! Soy la única del universo. La única persona presente en este eje espacio-tiempo. Es la raja sentirse así. Única. Irrepetible. Inaprehensible. Es mucho mejor que sentirse sola... terrible mejor. /
regreso
la pame me ha pegado un codazo. El profe está rojo. El profe está a mi derecha, aprox. unos 40 cm. de mi pupitre, aplicando una presión de unos 3 couloms (aproximada%) a sus propias manos, poniéndosele los nudillos blancos, el dorso venoso. La tensión sube, imagino, desde el antebrazo, pasa por los bíceps y cuadriceps cuasilaxos. Arrojándose con furia asesina al cuello rojo como tomate, a la vena que le tirita en la frente, a toda su cara. Me pregunto que habré hecho para hacerlo temblar de esa forma. Quizás es por lo de las gotas, pienso. De a poquito me asusto. No quiero que los ojos se le disparen de la calavera y queden colgando frente a mí. No quiero escuchar como se le raja el miocardio por enojón. Todo se detiene. Su fisonomía cambia. La boca. La está abriendo. Me va a decir algo. Toma aire. Toma tiempo. Toma un respiro. Se da la última oportunidad para verse lo más repulsivamente colorado posible y dispara:
-Bla, bla, bla. Bla, bla, bla.
Blabla, bla. Bla. Bla blablabla, bla,bla..., bla.
Bla, Bla. BLA.
Uf!(suspiro [aliviada]). Creí que seria mucho peor, creí que sería horrible. Por un momento vi un asomo de sensatez en su mirada, pero no, solo es un profe, pienso.
BLABLAblabla,bla blabla,bla. Bla, bla
Bla, bla, bla
Bla, bla, bla. Bla.
-Si profe, disculpe.
-Bla, bla, bla.
-Si profe, disculpe.
-Bla, bla, bla blablablablablablablablabl
ablablablablablablablablablablabla.......
-Si profe, disculpe.

Suena el timbre y entre los blablaces del profesor me voy de la sala. En el pasillo los copos de nieve se reúnen y comparan sus peinados para ver si se ven lo suficientemente similares. Dos niñas, como dos gotas de agua, les recorren las encías con la lengua a dos niños, como dos gotas de agua, mientras estos juegan con sus nalgas como con dos gotas de agua.
Juan se ha caído otra vez y busca un lente de contacto en el piso. Hola Antonia, me dice. Hola Juan. Un pinhead patea apropositamente por accidente su mochila. ¿como has estado?-continúa diciendo. Mejor que tú, le respondo. Bien me alegro por ti, dice esperanzado parándose para ver a la luz lo que resulta ser un pedazo mugriento de cualquier cosa. Cuídate Juan. Tu igual. Sigo. En el patio alguien me dice bla, bla y yo le digo: no, hoy no puedo, pero el me vuelve a decir bla, bla. Yo le digo: no, de verdad que hoy no puedo, a lo que me responde ¿bla bla? Y
PAUSA||..........(me carga este weón)..............
no weón, hoy no puedo! Hoy estoy ocupada. Voy donde mi pololo a agarrar y fumar ganjah! Y la dura, que aunque pudiera, no estoy ni ahí con salir contigo! Entiende. No me gustay, me cais mal y si me seguís jotiando mi pololo va a venir a sacarte la chucha y ojala te deje más feo de lo que eris, weon desagradable
............. (pienso en decirle eso, pero después la que va a quedar mal soy yo, y quizás, como son todos de weones, la agarren con mi pololo, así que le digo)............... PLAY »
bla, bla. Bla bla, bla, bla. Bla bla bla, bla. Bla bla bla, bla. Bla bla.....
a lo que me responde como entendiendo:
-haaa, bla bla, y se va.
Me siento. Tomo mi celu y te llamo. Me dices: Alo!?, como si estuvieras enojado. Hola amor, te digo. Hola, me respondes. ¿como estás?. Bien ¿y tu?. Choreada, me agarré con un profe y ese weón de mierda me sigue joteando. Estoy apestá de esta weá (eso ultimo no se si te lo dije o sólo lo pienso). Ya, tranquila, dices, no dejes que esos imbésiles te bajoneen, no valen la pena. Sí se, digo. A la noche me ayudas?. Tengo un trabajo de astronomía, creo, y me quedé sin grupo ¿ya?. Ok, aquí lo hacemos. Llega temprano eso si. Apenas se vayan mis papás me voy pa tu casa. Bueno amor, nos vemos a la noche. Te amo, chao, nos vemos. Chau.
Corto la llamada y suena el timbre. Me voy a clases. Juan ya no está en el piso. Ahora lee una revista en su sala. Me escabullo entre un grupo de motas de polvo que parecen no verme, lo cual es muy agradable. Paso, empujo y salgo. Sencillo, pienso. Una niña. Corre. Ha salido de una sala. Es pequeña, quizás 13. Linda. Ojos verde, pelo rubio (cardado). Me ve. Se me acerca. Falda corta, piernas lindas. Chaleco enorme ¿con hoyos? Genial. Avanza, me mira, no a los ojos. ¿que mas?. Uñas negras, gastadas. Converse. Pulseras. Labios rojos. La llaman. Se da vuelta. Buen culo, las caga. Me acerco. Se da vuelta. Chocamos. Bien huele. Me mira. Tirito. Me dice:

-Bla, bla, bla. ???? bla, bla. Bla bla? ? ???
bla, bla. Bla bla¿¿ Bla??, bla, bla, bla. Bla. Bla. Bla..??..... bla....... bla............. bla... ??...???

¬¬¡ Que lata, pienso y entro a la sala sin responder.

ENCERRADOS


-Estás bien?- le decía mientras tomaba sus caderas con la fuerza suficiente como para que ella no escapara a sus embestidas. La había penetrado durante largo rato y todavía no se sentían satisfechos. Sí, sigue- le responde. Su mirada, la de ella, aun no dejaba de lado ese fulgor vidrioso que siempre indicaba cuando estaba al máximo de excitación y la rigidez del cuerpo de Luis todavía daba a entender que necesitaba de su ayuda para conseguir lo que tanto buscaban.
En un principio sólo la acarició con tranquilidad. Besaba su frente mientras sus manos se deslizaban entre el pelo de su compañera. Ella comenzó el juego, siempre ella lo hacía. Abrió con destreza el pantalón de Luis y se apoderó de él. A su sobresalto preguntó:
-Que pasa? Te molesta?- con una mirada fija que explicaba todo lo que sucedería después. Luis se desvaneció. Cambió el switch. Se levantó y colocó seguro a la puerta.
La música suena despacio. Las cortinas están cerradas. Luis y Antonia comen tallarines con champiñones sin hablar. Ninguno de los dos sabe bien si permanecen en silencio por el hambre o por la yerba que fumaron hace un rato. Cuando dejan el plato vacío se recuestan en la cama y hablan. Ella le cuenta lo que ha hecho en el colegio mientras se desviste. Él la mira fijamente como si fuera lo más bello que se le pueda ocurrir. Se acuestan desnudos. Están solos, todos se fueron a sus casas menos Luis. Luis siempre se queda. La piel de Antonia es la más suave del planeta, piensa Luis. La compañía de Luis es lo mejor que pueda existir, piensa Antonia. Se abrasan. Se besan. Se hacen el amor una vez y se duermen sin dejar de sentir sus sexos en comunión. No sueñan pero se sienten, se recuerdan inconscientemente y se acarician sin saberlo mientras descansan. Se aman incluso mientras sus mentes los arrojan a lugares infinitamente lejanos al uno del otro. Paz.
Antonia dice que Luis la lastima. Luis dice que Antonia se calle. No se agreden, se comunican. Son bruscos. Parecen odiarse mientras de follan. Se muerden, se lamen, se hieren para disfrutarse y lo consiguen varias veces durante un día.
Ella llega. Se escapa de clases y le dice a Luis que no quiere perder su virginidad. Luis dice que no se preocupe, que la esperará.
Antonia le pide que bese su vagina.
Van a un mirador en la universidad de Luis y discuten por que la relación a veces parece ser una basura. Lloran y se juran intentarlo mil veces si es necesario. Se lo juran, pero olvidan jurar no romper su juramento. Luis tiene miedo. Antonia se agota y se apaga como una mecha sin parafina. Se seca. Luis se llena los ojos con fuego para mantenerla encendida. Luego Luis se agota. Ya no queda helio, piensa Luis creyéndose una supernova. Se abrasan y se consumen con lo último que les queda: sus cuerpos.
Una, dos, tres veces, cuatro, cinco, seis. No resulta. Antonia aun es virgen y maldice su himen. Lo repudia por causarle dolor. Luis la calma mientras en sus adentros cree que la ira de Antonia está más que bien fundada.
Ahora vayamos al cuerpo. Bella. 45 kilos. Delgada. Largo pelo rojizo. Ojos atentos. Piel blanca, nívea, marmórea. Los pechos de Antonia son como un sueño. Luis no cree en la realidad cuando mira a su novia desnuda. Se siente engañado. ¿como es posible que esté a punto de hacer el amor con la mujer mas bella del planeta?-se pregunta cada vez que la ropa de su amada se encuentra en el piso. Su vientre, firme, plano. Cintura como con las que siempre se sueñan los adolescentes por la noche. Un culo inimaginable. Luis quiere tomarle una fotografía al trasero de su novia para que sus amigos le crean lo increíble que es. Quizás ni siquiera le muestre la foto a nadie, seguro se conforma con mirarla todos los días para convencerse de que, por lo menos una vez por semana, tiene sexo con la chica de los sueños de miles de hombres a lo largo del planeta. Luis cree que alguien le está tomando el pelo cuando mira la perfección del pubis de Antonia. No es posible, se repite mil veces mientras ella baila desnuda en su habitación fumando la yerba que saca del cajón de Luis. Se mueve al ritmo de lo que suene en la radio sin tener idea de lo violentamente sensual que puede llegar a ser. Luis colapsa, cae en trance, muere, se resigna, no lo entiende, se confunde, se mira para asegurarse que es el mismo sujeto feo que siempre ha considerado ser. Todo resulta ser como siempre: él, Luis, sentado en el borde de su cama, babeando, sin polera, mostrando la piel pegada a los músculos delgados y largos, drogado, sintiendo que podría atravesar una pared con un dedo por seguir la lógica de lo que está sucediendo. Es el mismo de siempre, el mismo de siempre, el mismo y no sabe por que mierda hay en su pieza una niña desnuda bailándole sin saber ella si lo hace para excitarlo o para excitarse a si misma con la sensación de la música y la ganjah rajándole la mente.
El sudor resbala. Corre hediondo por todos lados. La cama dejó de sonar hace rato. El colchón está en el suelo. Sobre él está Luis con la mente a la conchesumadre. Sobre él está Antonia succionando la sal del cuello de quien la aferra fuerte de la cintura para aplicar más presión sobre su clítoris. Se mueve, respira, se levanta. Su pelo se le enreda en el aire y la transpiración cubriendo sus pechos y las manos de él que ahora los aprietan con los pulgares justo en el centro del pezón. Luis se sienta sin salir de ella. La mira. La besa como si su lengua fuera de miel. Como si su vagina fuera de miel y sus labios fueran los de su vagina. La ama como solo se puede amar a un Dios piadoso, piensa. La ama como si no existiera nada más eterno que su unión en el universo, le dice justo antes de besar sus pechos, y de sentir las uñas rojas de la niña abriéndole la piel de la espalda. La muerde hasta hacerla gemir, suspirar. Se detiene. Se miran y se dan cuenta de la increíble ternura con la que se hacen el amor. Se protegen y se satisfacen. Se quieren como nunca nadie los a querido antes, se disfrutan tan violentamente cuando se anclan las carnes que enloquecen solo con hablarse y decirse te amo. Luis lo sabe y es lo único que lo mantiene en sus cabales. Antonia lo sabe y es lo único que la obliga a vivir. Lo sienten. Lo intuyen. Tienen la certeza de aquello, incluso existen documentos y fotografías que lo comprueban. Se detienen un momento para respirar. Abren una ventana y se meten bajo las sabanas. Dicen que quieren dormir un poco. Lo intentan, pero no saben como. ¿como hacerlo si sus sexos aun laten tan rápido como sus mentes? Se tocan enteros. Se besan enteros. Se refriegan los cuerpos completos resbalosos de sudor. Ambos huelen igual. El amor los confunde a los ojos del resto y se sienten seguros de esta manera. Una vez acalambrada la mandíbula de Luis regresa al lado de Antonia. Amor, fue la raja- le dice guiando con sus pequeñas manos a su amado hasta el interior de su vagina. De verdad te gustó?- le pregunta mientras se hunde hasta el fondo en ella. Más que la chucha amor. Cuando termines lo harías otras vez porfa?
Cuando se despiden, otra vez lloran por que no saben si podrán volver a verse.

20.11.09

HUMEDAD

Semáforos
elinterno.gathacol.net


Dean se levanta. Le molesta el olor rancio de las sabanas. La cama esta deshecha y la noche es jodidamente calurosa.
Le cuesta ponerse los pantalones por el sudor de sus piernas. Cuida no agarrase el pene con el cierre. Por pocos milímetros este no queda con su delicada piel entre los dientes del pantalón.
Toma un Lucky Strike de la cajetilla. Lo enciende. Recoge su notebook. Lo enchufa. Toma los cigarros y se sienta en la cama. Teclea algo. Tengo la cabeza tan hueca. No quiero nada en ella. Debe ser un aikú piensa. Elimina el documento. Comienza otro cigarro. Comienza otro texto. La mesa tiene la apariencia de una anciana negra. Es grande y fea. La madera esta enmohecida y blancuzca. Las marcas circulares de las tazas sobre ella ya deben tener casi tres años, el tiempo que llevo ocupando esta casa. Está describiendo su habitación a medida que la ve y fuma su segundo cigarro. La cabeza le pesa. Le molesta la sensación del pelo pegajoso y grasiento. Siempre le ha dado asco la humedad de esta ciudad. Recuerda a la tipa que le dijo que si se quedaba quieto durante mucho tiempo en conce le saldría moho. Lo escribe. Lo lee. Se arrepiente. Lo borra. Sigue. La pared de atrás de la mesa es amarilla. De ella cuelgan varios afiches medio despegados, en uno esta Kurt sentado en la vereda fumando un cigarro, mirando con cara de satori hacia un horizonte que no alcanza a aparecer en el encuadre. La pared está casi tan descascarada como su ropa. Todo se ve sucio y tosco. Al lado de Kurt, Lira asoma la cabeza por entre unas persianas desarmadas. Otras cosas también se adhieren a la pared de la habitación. Fotos de los amigos, anotaciones, hexagramas rayados con plumón, un calendario con fechas importantes de hace un par de años. Teclea lo que ve. Mira atento. La luz se mete por las ventanas sin cortinas con los brillos que la ciudad le da a la noche. Todo se ve medio verde y luego medio rojo a medida que cambian los semáforos de abajo. Golpean a la puerta, se levanta para abrir. Dos golpes, un silencio. Se vuelve a sentar. Un golpe, silencio, dos más. Es Juan. Escucha como la llave se mete en la cerradura rascando el metal de un tirón. Gira y el mecanismo de la puerta se mueve. Cruje. La puerta rechina. Entra. La mugre del piso cruje bajo las botas. Viene drogado, se le nota por la mirada pesada. Cierra la puerta. Saluda a Dean arrojándole medio paquete de galletas. Lo atrapa en el aire con ambas manos. Toma una silla y se sienta frente a él. Lo ve por sobre el computador que tiene en las piernas. Este lo ilumina de una manera extraña. Cada vez está mas flaco este tipo, piensa Juan. ¿Comiste algo? Hoy no, responde Dean. Él en realidad no se llama Dean, se llama Luís, pero acuñó su pseudónimo una vez que engañó a un grupo de literatorcillos con una heroica historia se sus supuestos antepasados mineros del oro en California durante la fiebre. Desde antes venia pidiendo que lo llamaran así por un tipo de un libro que Luís leía como la Biblia y que siempre estaba desarmado y desmembrado en el piso junto a su cama. ¿Por que no comiste? Por que estoy ocupado. Así veo, dice mirando por sobre el hombro de Dean. ¿Como va la cosa? Bien. Hoy escribí siete capítulos, pero me quede sin argumentos. ¿Trajiste algo?. ¿Argumentos? Sí, sí traje un montón, pero hay que ordenarlos. Veámoslos. Juan saca un manojo de hojas de oficio garrapateadas con ideas para la novela que están escribiendo a medias. Desde hace un tiempo lo hacen así. Juan escribe todo lo que se le pasa por la cabeza y Dean lo redacta, lo ordena y le da ritmo, ese es su fuerte, el ritmo. Este método les ha resultado bastante bien, ya han ganado un par de concursos y ahora pretenden presentar una novela a algún editor. Dean lee y Juan revisa la habitación. La intrusea, siempre lo hace. Encuentra una cola, toma unas pinzas y se la fuma. En el frasco hay mas, dice Dean. Juan saca un poco de yerba, arma un pito, lo prende y se sienta junto a el. ¿Que te parecen? Bien, están bien. Explícame. El tipo llega a un punto en que cree que no va a encontrar a Matías y se desespera. Consulta al libro pero no entiende lo que le dice. Se da cuenta que ya no puede pensar como antes por que se metió mucho en el royo del otro loco y necesita ver las cosas desde otro foco, pero no le resulta y se va en mierda. Eso es básicamente lo que traje. Algunas escenas de bar en las que el loco esta solo y enmierdao, pero weas estéticas nomás. El argumento va más o menos por ahí. Mañana temprano te tengo más weas. No pude anotar todo por que me salio una pega así que traje unas chauchas pa que comai. Vale. Déjamelas encima. ¿Que vay a hacer ahora?. No se estoy medio atorao. ¿Vamos a dar una vuelta?. Dale ¿el Neruda estaba abierto?. Supongo, hoy cierran tarde. Bien. Vamos. Dean busca algo. ¿Viste mi polera de Lira? Si, ahí esta, dice Juan apuntando detrás de Dean. La tiene una chica. Parece que es lo único que tiene puesto y esta dormida. Genial, dice con esa antipática y apestada ironía que siempre usa mientras se pone una camiseta hedionda con monos japo. Se encaja las botas. Mete los cigarros en el pantalón y deja tres en el velador. ¿No le vay a avisar?. No, ¿pa que?. No se, weá tuya. Salen de la pieza. ¿Como está la Antonia? Bien, los viejos salieron, andan pal sur así que se queda hasta el domingo aquí. Bien, dale mis saludos. Ok, mañana le digo.
-¿Alguna ves te ha pasado que cuando empesay a escribir lo que te esta pasando, así como en las series en tiempo real, onda 24 o Sábado, esa peli chilena, llega un momento en que no sabís si lo que estay describiendo es lo que ves o si ves lo que describes?
-¿Onda que no sabes si estay empezando a generar las imágenes que ves a partir del tecleo? ¿Eso?
-Si algo así.
-Creo, un par de veces, pero generalmente cuando fumo o como mucho queque nomás.
-Quizás, debe ser eso.
En la calle hacia un calor de mierda. Todavía había gente saliendo medio borracha de los locales. Cruzaron en rojo. No venia ningún vehiculo de ninguna parte y el silencio solo se rompía por las conversaciones de los que pasaban. De una de las calles de la intersección cambia el semáforo. Se apaga el verde. Están en el centro de la esquina y los siete semáforos tienen sus luces rojas encendidas. Dean siente que son siete cyborgs acechantes como gigantescos T-100 buscando algo, pero ignorándolos a ellos. Juan piensa en que esta seria una gran escena para la novela. Cuatro de los semáforos pasan a verde. Mañana escribo esto, piensan ambos y se pierden por la diagonal. Antes de entrar al bar Dean recuerda que dejo el PC encendido. ¿Quien chucha estará escribiendo esto? Se pregunta.