27.12.09

PRIVACIDAD


Para mi amigo Raimundo,
pues sin él no habría llegado
nunca a este relato.


El sujeto bajaba dificultosamente las escaleras intentando esconder su fechoría. Encontraré la forma para no comportarme de manera extraña ahora que ya no está, solo para no levantar sospechas, pensaba, mientras las descoloridas y parpadeantes luces de la escalera iluminaba su rostro y el frío y retumbante silencio se interrumpía por el estruendo, las risas y la música salidas de algún vehículo a lo lejos. Durante la noche la mayoría de los sonidos parecen lejanos, decía para sentirse seguro de que no sería oído, pues estaba consiente del ruido que hacia con ese torpe caminar en aquél pasillo solitario.


Un vehículo se detiene a su lado justo en el momento en que el rojo invade la esquina, trata de evitar llamar la atención de la mujer al volante, pero ella parece oler su nerviosismo clavando sus ojos en la mirada nerviosa del sujeto, y luego, en el negro y deforme bulto que cuelga de su hombro. Al cambiar la luz, el automóvil se marcha raudo por la calle solitaria, el sujeto logra salir del transe que lo mantenía paralizado y camina detrás del vehículo.


¿Cómo lograré que los niños no la extrañen? Decía al descansar bajo un árbol que lo ocultaba. Miraba sus manos enrojecidas y la sangre que se secaba en ellas -tal ves debí tenerle mas paciencia, pero sus alaridos sin razón, esa manía de meterse en todo, su incesante cacarear me estaban enfermando –un perro se acerca a olfatear el bulto que yace en el suelo- sé que no debí ser tan agresivo, después de todo me acompaño durante toda mi vida, -un vehículo rompe el silencio en la otra cuadra- la conocía desde niño -recoge su carga otra ves- al diablo lo que piensen los niños, esto lo hice por mi -se pone en marcha.


Realmente era una pesada carga.


Cuando di el primer golpe y escuché ese grito de dolor solo pude enfurecerme mas aún, no debí dejar que la niña lo presenciara, se que costará mucho mantenerla callada, cuando vea que no regreso con ella “de una sola pieza”, como suele decirse, comenzará a hacer preguntas y buscará la manera de decir lo que ocurrió a todo el mundo, tengo que hacerla entender que así será mejor para todos.


A la mañana siguiente una fina capa de hielo cubría al bulto amontonado entre cajas de cartón y material de embalaje, nadie parecía percatarse de él. En su cama, dormía inquietamente un sujeto con pedazos de plástico y vidrio incrustados en sus manos, mientras en el comedor, una niña lloraba lastimosamente y en silencio frente al espacio vacío donde hasta la noche anterior, estuvo ubicado el televisor.



4.12.09

PROYECTO DE REIVINDICACIÓN DE LA REALIDAD



Para empezar debemos darnos cuenta que nada tiene un sentido real e irrefutable. No ‘vivimos’ ‘aquí’ ni ‘ahora’, estamos en un plano diferente de la realidad, en un ‘momento’ en el que suceden cosas extraordinarias detrás de toda la maraña de ilusiones que conforman este plano que falásmente conocemos como realidad. Este plano, el que todos conocemos, está conformado meramente de espejismos convencionales. Nos auto convencemos de muchas cosas en un estúpido movimiento de convencimiento convencional que nos subyuga a planos inferiores de nuestro razonamiento, nos limita y nos obliga a banalizar todos nuestros actos que, naturalmente impregnados de la magia de la creación, del adanismo, terminan siendo basureados por conceptos como ‘el éxito’ y la ‘movilidad social’. No existe tal movilidad si no es entendido desde un plano espiritual y no existe tal espiritualidad si no se abandona definitivamente el egoísmo, comprendiendo egoísmo como la suma de predisposiciones destinadas a exaltar el ego, el yo, o el self jungeano. Sin pretender caer en religiosismos medievalistas me permito recordar la figura de cristo cuando dicta los pecados capitales: odio, envidia, pereza, avaricia, lujuria, gula y soberbia. Entiendo estos actos como las características del egoísmo que nos clavan a la tabla mundana de la mediocridad.


Es preciso partir por alguna parte.


Muchos han tildado al arte como satanista y comparto su opinión. El arte no es mas que otra de las realidades superpuestas a la base etérea y sutil del universo. Un lindismo que entretiene. No es que el Gran Hombre no se divierta o sea un ser parco y huraño por comprender la realidad, al contrario, su regocijo recae en su conciencia, no en su embotamiento de los sentidos, en su contemplación, no en su ceguera. El sabio es como un cuenco vacío en el cual todo puede ser contenido. El arte llena los espacios con figuras fútiles, carentes de semas significativos para el alma del receptor, no es más que un gran dispensador de orgasmos superficiales y esporádicos. El movimiento es sencillo, es el escoger con que se llena el cuenco, con plástico o con la nada eterna, la misma nada de la que está conformado el espacio interestelar, de plasma, de antimateria, de lo que existe entre el núcleo y los electrones de un simple átomo de hidrógeno: la nada que lo contiene y soporta todo.


Para el presente proyecto de reivindicación de la realidad propongo humildemente el primer paso a través de la reivindicación del arte como elemento divino y no satanico. El plan es ganarle terreno a la pseudorealidad que lo carcome todo, como en La Historia Sin Fin. Empezar con el arte y seguir con el resto, regresando a “Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar”. Y para esto llamo a un concilio en el que discutamos nuestro primer movimiento al que llamaremos: La destrucción de los falsos ídolos, y de los cuales propongo empezar por el mas grande: el Dinero.


Se reciben propuestas…


28.11.09

LA GRAN PLANICIE


El sol, que apaleaba los sentidos, me alejaba más y más de aquel lugar. Un gran fluir a un costado se tornaba numinoso y rechinante de relámpagos misteriosos reflejos dolorosos del sol. ¿Cuántas partículas se habían fundido-muerto murmurando en él? La visión de la gran frontera elevaba mi espíritu. Bajo el fío fio de los pájaros comprendía la congoja del conquistador frente a la cabellera orgullosa del río.

La nuca comenzaba a arder junto a mi emoción. Nunca había estado en aquel lugar ni de ese extraño modo. ¿Qué sucedería de continuar caminando? Me preguntaba constantemente, de mil formas lo hacia, algunas tan extrañas que ni siquiera podía vislumbrar su morfología. Sin sintaxis mi mente comenzó a razonar, razonar sobre mi esencia, sobre mi pertenencia a aquel o cualquier otro sitio, y cada ves, poco a poco, como alcanzando la tan preciada armonía, mis pasos me daban la clave para comprender. El keygen de toda mi existencia estaba rompiendo las barreras, me ayudaba a crackear el yo infinito.

Algo dejó de ser.

La

gran

planicie

apareció...

frente... ...a... ...mi... ...en... ...toda... ...su... ...extensióóóónn...

De punto a punto no contenía rectas y entre ellos las curvas fluían haciéndome entender que aquel sinuoso flujo siempre sería el camino mas corto entre ellos

y el sol ya no dolía, el cuerpo fluía y encontraba su ritmo de acción. En mis manos ya no estaban mis dedos, y donde estaban mis dedos ya no era en mis acostumbradas manos. ERAN LAS MANOS DE UN GIGANTE. Lo aferraban todo. Otorgaron apoyo al mundo en el cual me apoyaba con los puños cerrados, tejiéndome como hebra miserable en el maravilloso gran texto. perdíame.

De pronto mi rostro se tornó en un motivo más de la enorme tela.

- M i n u e v o h o g a r - pensé, o algo similar que quiso decir eso.

LA GRAN IMAGEN


"Dirigimos a él la mirada pero no lo vemos.

Lo escuchamos atentamente pero no lo oímos.

Tratamos de cogerlo pero no lo sentimos.

Su aspecto superior no es luminoso.

Su aspecto inferior no es obscuro.

No sabríamos como nombrarlo.

Forma sin forma.

Imagen sin objeto.

Es el obscuro caos.

Si le enfrentásemos no veríamos su rostro.

Y si le siguiéremos no veríamos su espalda.

Forma sin forma.

Imagen sin objeto.

Es el obscuro caos.

Si le enfrentásemos no veríamos su rostro.

Y si le siguiéremos no veríamos su espalda."


Lao Tze.

Tao Te King


¿Qué podía echar en mi mochila? Calzones, un par de poleras, algo para el frío, un pantalón, más el que llevo puesto y la weá indigna se llenó altiro, con cuea entró el cepillo de dientes en un rincón, seguro se me rompe, pensé. Estaba helado y los pies me dolieron al dar contra el cemento. Ahora a caminar.


¿Qué es esto? ¿Escolar? Son las dos de la mañana, no podis pagar escolar a esta hora. Pero señor, por favor, si no me lleva me quedo en la calle. No tengo más plata. De verdad. Ya sube cabrita, pero ultima ves, ¿donde te dejo? Donde sea, yo le aviso, decía mirando por la ventana las cortinas metálicas cerradas como cansadas pestañas en los locales comerciales.


La mala cuea que la micro pasaba por otro recorrido. Uno que no conozco. Me bajé donde vi algo conocido y no se donde mierda estoy. Ojala no se me acerque niun flaite.


Agarraba su mochila lo mas fuerte posible y caminaba dando los trancos más grandes que sus cortas piernas podían dar. La pelea había sido fuerte esta vez. Ella no había tenido nada que ver, pero no quiso seguir soportando ese lugar tan lleno de gritos, de llantos. La almohada se había empapado en su refugiar lastimero. Allá fuera todo es gratis, pensó y tomó sin darse cuenta su remendado bolso de colegio para empezar a echar ropa. Ahora lloraba por que no sabía donde estaba ni tenia como regresar a su casa. No quiero volver allá, ya me fui, que se pudran, que se vayan a la mierda. Fuck off! con su modelo de familia putrefacta, yo no quiero eso para mi, prefiero estar acá.



¿Quien será? Cállense mierda que parece que buscan. Por la ventana alguien tiraba piedras. Bajen la música y dejen de cagarse de la risa. Por la chucha, ya les dije. Ho! Pequeña, eres tú, ¿que haces aquí a esta hora? Quiero que me cuides, no tengo donde ir, mis papás se pelearon de nuevo, estoy chata de tanta basura. Bien, espera que te abro la puerta, no metay ruido.


La habitación era estrechísima, tenia una cama, un TV lleno de polvo, parecía que nunca lo hubiesen usado. Un baño pequeño también pero bastante útil, por todos lados había gente bebiendo, atracando o fumando yerba, algunos cigarrillos pisoteados en el piso y otros devorando el cobertor que ya parecía una malla de hoyos carbonizados. Pasa, pero no se donde acomodarte, ayúdame a tirar al baño a estos que se murieron. Ya está ¿que te pasó? Nada, solo quería estar fuera un rato, y no sabia donde ir. Oka, aquí vas a estar bien. ¿Te gusta la música?


Break on trough to the other side(8)


Break on trough to the other side(8)


Break on trough to the other side yeah(8)



¿Cómo se llaman tus amigos?


El que está atracando con las dos tipas es el Varón John, ellas son Violeta y Roció, él es el Yerba, el que esta recogiendo las colillas es Pablo, el de allá es Rodrigo, a Arturo lo acabamos de dejar en el baño junto a Allan, yo soy nadie y tu eres tranquilidad ¿ok? ¿quieres algo? Listo, aquí tienes, disfrútalo, relájate. Estás en tu casa.


En nuestra casa.


De un momento a otro comenzaron las figuras, los espirales en las paredes, nunca se de donde vienen, me había pasado un par de veces antes y no kacho porque aparecerán, quizás algo se ha manifestado, habrá que averiguar que es ¿no crees chiquita?.


Por un momento pensé que estabas solo, pero me alegra llegar a una fiesta, me hace bien. Esto no es una fiesta, estamos recorriéndonos, cada uno a su manera, yo lo hago mirándote, tu lo has hecho llegando. Pero mira que espiral mas hermoso es el que has hecho aparecer ¿no te parece? Quizás ahora debieras tomar una decisión, cada espiral es como una estrella fugaz, solo tienes un segundo para decidir antes de que tu espiral cambie de dirección y la pregunta cambie. Que nadie sepa lo que decides, si atañe a alguien solo hazlo saber con un acto, genera el ambientes, no con la vulgar verbosidad que la cultura nos ha impuesto. Mira, concéntrate, deja que el espiral se desenrolle y entre en tu mente, cuando no sepas quién está dentro de quién puedes decidir lo que quieras. Ese es tu mundo, tu Gran Imagen, nada estará entre tú y ella. Ahora ¿oyes el silencio? Es el Ruido Blanco, la Luz del Oído, lo alcanzaste solo con quererlo, aquí nadie lo ha podido ver nunca, lo se por tu mirada, yo tenia la misma impresión, el mismo temor a enloquecer cuando lo vi por primera ves, debe ser por que el resto solo se conforma al ver el espiral ese moverse, como si solo se formara en las paredes para hacer payasadas, no saben que es mucho mas funcional que eso. Entra.


Esa ves solo sentía la paz dentro de mi, no podía creer lo triste que estaba cuando tomé la micro y lo atemorizada que me encontraba a pensar que no encontraría a nadie, pero aquí estoy, mirando La Gran Imagen, y es hermosa, decirle hermosa es limitar su grandeza, es eterna, un dibujo sin bordes, un cuadrado sin limites. ¿Sabré con esto la decisión a tomar? Espero que si. Me pierdo en ella, me pierdo y quiero estar perdida para siempre, a lo lejos sigo oyendo las voces, las risotadas y chocar de botellas, pero aquí dentro nadie me perturba, solo mi voluntad me ha hecho presente y me siento orgullosa. De a poco los sonidos cesan y la calma es total, los oídos se regocijan de no oír nada, de no ensuciarse. Me quedaré aquí para siempre. Estaré aquí desde siempre... siempre.



Los rayos del amanecer rompieron por la ventana cuando las aves comenzaban su griterío habitual, no hacia frío, estaba en un saco de dormir que alguien me prestó la noche anterior, todos dormían. La pieza estaba sumida en un mar de bruma, quise moverme para ir al baño, me dolía un poco la cabeza, quería algo para tomar. Una mano se estira con una botella de coca-cola a medio beber. Tómatela toda, el resto vomitaría de solo olerla. Lo miré y estaba dentro de una nube olorosa sentado junto a mi, tenia un pito en la mano y fumaba como si no lo hubiera hecho durante meses después de toda una vida elevándose. Los rayos cortaban su silueta contra el humo picante y su paz, mezcla de sueño y ensueño me tranquilizaron otra ves. Bebí la mitad de la coca-cola, di tres caladas de lo que él fumaba y volví a dormir queriendo soñar y regresar para siempre junto a La Gran Imagen.






LA MANIFESTACIÓN


Es que estaba como varado.


Me desperté y comencé a caminar, y claro, como no había comido y el sol pesaba tanto ese día me cansé bastante pronto. ¿alguna ves has escuchado que algunos tipos de ballenas mueren cuando varan por el daño que el propio peso de sus órganos les producen? Así me sentía ese día... hasta que te levantaste. Todo fue como... como... no se, pero llegaste y sentí que mis órganos pesaban menos y ya no me desgarraban las entrañas.


Pero no se de donde saliste, solo apareciste ¿te levantaste del suelo? ¿caíste del cielo? ¿o solo te materializaste?


Te vi como una prolongación de mi destino, como una encrucijada con los brazos abiertos ¿qué significas? ¿qué me detenga frente a ti, para contemplarte, para extasiarme? ¿y después?


No quiero pasar a tu lado sabiendo que uno de los caminos es el equivocado.


¿y si no te vuelvo a ver?


Trataré se acompañar tu manifestación lo mas posible, solo si no te molesta, para saber cual es la decisión que debo tomar. Solo trata de no irte como llegaste hasta que tenga todo claro.

DISCOTEKE



¿Por que siempre que llego preferiría no estar aquí?.


Tomo un gran sorbo de lo que sea que esté en mi vaso y escucho lo que sea que entre en mis orejas...


Una chica baila desenfadadamente cerca de mí. Permanezco tieso. Pétreo. Casi occiso mirando sus caderas. Se vería tan linda si se quedase quieta por un maldito segundo.


Avanzo entre esa multitud de cuerpos delirantes, sudados y hediondos de tanto aletear.


Respiro su derrota.


No se que mierda hago aquí. Encerrado. Asfixiado. Aturdido.


Pensé que hoy pasaría algo nuevo, algo bueno, pero todo es como siempre, la misma gente de ayer, la misma música de ayer, la misma sensación de ayer, y… sobre todo, me encuentro haciendo la misma reflexión que hice ayer. La misma reflexión que hice ayer.


En fin. Hay que moverse, hay que divertirse, o por lo menos, hacer lo mismo que hacen todos.


¡Salud!


-Oye tu ¿Quieres bailar?

22.11.09

DESCANSAR EN PAZ



Cuando conocí el City estaba con la Antonia. Era de noche. Una noche agradable. Verano. Seca y luminosa. No hacia frío y el cielo se veía como si estuviésemos en el campo o en la playa. Las estrellas brillaban más de lo normal, parecía que compitieran unas con otras por relucir cada una con más fuerza que la de al lado. Salimos del bella bastante tarde. A la exposición del Juan, que había sido un éxito según los críticos asistentes, le había seguido una minifiesta para los que estábamos invitados: cóctel, picadillo, copete. Ahí aprovechamos de comer algo. Teníamos el estomago más que vacío y el par de tragos que nos servimos nos hicieron efecto bastante pronto: arriba-de-la-pelota como decimos de donde vengo.

Cuando caminábamos por el parque ya era más de media noche y no había nadie en la calle. Caminamos un rato tomados de la mano hacia donde los pies nos dirigieran. Entramos por esa callecita extraña que está a un costado del parque: Estados Unidos. Pensar –me dije- que en Santiago hay una calle que se llama Nueva York y se parece más a Londres y esta calle se parecía más a una ciudadela de Tolkien que al imperio del norte. Nos metimos por ahí por que nunca hay gente a esta hora y también para evitarnos el punguerío que nos toparíamos llegando al mercado central. La Antonia tenía frío, así que nos fuimos lo más abrasados que pudimos ir sin tropezarnos. Yo estaba muerto de hambre, pero estar en la ciudad con ella era un sueño lejano que por fin se estaba haciendo realidad.

Recordé cuando la conocí en el teatro de conce, cuando yo estudiaba literatura y ella todavía estaba en el colegio, en el mejor de la ciudad. Recordé que tenía miedo, y pensé en todo el tiempo que tuve que soportar la idea de perderla por mil putas razones distintas. Pero ahora estábamos aquí y era lo mejor que podía ofrecerle: un paseo por el gran Santiago de noche, mirando el cielo y perdiéndonos entre los innumerables recovecos que esta ciudad nos ofrecía; sin comida ni un lugar donde dormir, pero por fin, después de dos interminables años estaba disfrutando la tranquilidad de poder abrasarla frente a todos en un lugar donde nadie nos conociera.

Nos habíamos propuesto escapar y lo estábamos logrando. Por fin nos sentíamos tan lejos de todo lo que nos asustó que no podía creerlo, quizás las estrellas por eso brillaban tanto. Cuando uno llora ve las luces con más fuerza y la felicidad me estaba haciendo sentir como una nena.

Cuando dieron las tres todavía caminábamos, ahora íbamos por Bandera conversando de lo que haríamos durante el año: yo había conseguido pega en un liceo de San Miguel, no el de Los Prisioneros, pero por fin tendría algo de dinero para pararme, ella había entrado a la Chile, a diseño, y veía el futuro como un paño blanco donde dibujar sus ideas. El mío ya estaba todo rayado, boceteado y manchado. Me había aburrido de probar suerte con mis cuentos. El editor me dijo que en Chile no se necesitaban dos Fuguet y que la formula de la ‘revolución del barrio alto’ no funcionaría igual si yo no era del barrio alto. Fue una pena, pero ya nada era tan importante como hacer planes.

Íbamos por la calle antigua de Santiago, entrando al casco histórico de la ciudad, pasamos por tribunales, nos fumamos unos cigarros que nos quedaron de la fiesta del bella. El brillo de las estrellas dio paso a una luna grandota como calabaza que salió de la cordillera. Nos paramos y la seguimos. Subimos hacia la plaza, inconscientemente resignados a pasar la noche en un banco o caminando hasta el otro día. Sin darnos cuenta nos vimos ante una construcción enorme, un edificio grande, antiguo y casi gótico, de paredes gruesas. Cuando leí el letrero casi grité de emoción.

-¡Antonia, Antonia, el City!- le dije apuntando al letrero rojo que zumbaba como una docena de abejas atrapadas dentro del tubo retorcido que formaba el nombre del edificio.

Pasemos, quedémonos aquí. Mañana vemos de donde sacamos más dinero. Podemos preguntar si tienen la 506 libre. Vamos, porfa”.

La convencí poniendo cara de pena y salí disparado cruzando la calle gritándole que se apurara.

Dentro, en el mesón, durmiendo en una silla, estaba un señor bastante viejo, con mangas en la camisa. La Antonia lo despertó como si estuviese despertando a un niño para ir al colegio.

-Señor, señor. ¿De casualidad tiene alguna habitación libre?

-Si mijita –respondió el viejo entremedio del bostezo- hace tiempo que este lugar no se llena como antes. ¿Qué hacen tan tarde caminando solos por Santiago? esta ciudad está cada ves mas peligrosa.

-No teníamos donde dormir, de hecho no pensábamos quedarnos en ningún sitio, pero mi novio -dijo mirándome y sonriendo- insistió en pasar a preguntar si tenían la 506 libre.

La Antonia nunca se había referido a mi como su novio, ni cuando estábamos solos. Cada ves esto se parecía más a los sueños que tenía constantemente en mi pieza diminuta de Concepción.

-Mmm... sí, la 506 está libre, hace tiempo que no la toman, está vieja y con algunas averías. Esa pieza tubo un tiempo en la que todos venían a preguntar si podían quedarse a dormir en ella, pagaban lo que fuera por una reservación, incluso la arrendaban por un par de horas en el día para tomarse fotos o para leer un libro. Ahora ya nadie la toma muy en cuenta.

-Que triste –le dije- hay tantas historias de este lugar que todavía deberían seguir contándose.

-Sí, yo pienso igual, pero al final de cuentas así son los negocios y el City, aunque tenga tantos recuerdos entre sus paredes, es solo eso: Un negocio. Un negocio que ya no es tan rentable como en sus comienzos, o incluso como hace un par de años cuando este lugar parecía estar de moda o algo así. Y ustedes chicos ¿a que se dedican?

-¿Nosotros? Yo entraré a la universidad este año y Luis es profesor recién egresado de Concepción. Nos vinimos antes de empezar el año a Santiago para salir de esa ciudad apestosa y estar tranquilos, aunque sin mucho dinero, pero tranquilos.

-Y juntos- dije tomando su mano.

-Bien, bien.- dijo el viejo asintiendo mientras se daba vuelta para buscar la llave- bien, bien –repetía para sí mismo estirando sus dedos nudosos y tiritones

esta es la llave, ¿la quieren solo por hoy cierto?”

-Sí, no tenemos mucho dinero. ¿Cuánto cuesta la noche?

-Mmm... Veamos, a esa pieza ya no va casi nadie, así que dudo que venga otra persona a pedirla, además ya es tarde, quizás ya no venga nadie más en toda la noche. Dejémoslo a mitad de precio y el desayuno corre por cuenta de la casa. ¿Les parece?

-Señor, no queremos molestarlo, podemos pagar el precio de una noche, de verdad.

-No se preocupen, además como ya les dije, esa pieza es vieja y ya nadie la quiere, quédense. El desayuno es hasta las 10 en el vestíbulo de en frente. Tomen, que pasen una buena noche, y descansen.- dijo entregándole la llave a la Antonia. Le di el dinero. Nos despedimos deseándole una buena noche y subimos a buscar la habitación.

Las escaleras de madera rechinaban con cada paso que dábamos. No podía soportar la ansiedad de entrar a la 506 del City. La buscaba en todos los pisos, aun sabiendo que estaba en el quinto, pero no lo podía evitar. Los focos del cuarto piso estaban malos, algunos no prendían y otros lo hacían con una luz media asquerosa y tiritona que le daban más aspecto de humedad al pasillo. Seguimos subiendo. Un piso más. Llegamos al quinto y salí disparado a buscar la pieza. Cuando la encontré la Antonia no estaba en ninguna parte, venía caminando tranquilamente con la llave en la mano, la escuchaba acercarse despacio y no entendía por que no se daba prisa en abrir la puerta, estaba seguro que lo hacia solo para fastidiarme.

Cuando le quité la llave y abrí la puerta quedé asombrado ¿por qué ya nadie querría dormir aquí? Era lo más hermoso que había visto en mi vida, tenía una cama con respaldo de bronce, un espejo grande, de esos que se agrietan cuando están viejos, un velador con una lámpara de cerámica y pantalla color beige. No había televisor. Las cortinas eran rojas y la ventana daba a la calle por la que habíamos subido.

Se escuchaba el zumbido del letrero en toda la pieza.

Me asomé al balcón pequeñito que tenía y miré un rato a la calle. Tenía la piel roja por la luz del neón. Podía sentir por fin a la paz que siempre quise que me acompañara, estaba aquí conmigo, en el hotel. Descansa Luis, descansa en paz- pensé. Llamé a la Antonia para que mirara conmigo la ciudad de noche, pero me respondió con un “tengo sueño, ven a acostarte”.

Cuando entré a la pieza ella se estaba metiendo a la cama, se había quitado la ropa, no había traído el pijama y decía tener frío. Se veía como la más hermosa aparición. Teñida de rojo por el letrero era lo más bello que podía imaginar. Me quité la ropa y me acosté a su lado.


-Nico, te amo.

-Yo también te amo Antonia.

-Abrásame, tengo frío.


Nos dormimos pronto, cuando cerré los ojos todavía la veía en mi cabeza, desnuda, vestida solo por la luz del letrero. Sentí un beso y sus manos abrasando mi pecho. Su cuerpo estaba frío. Tomé sus caderas y la besé en el cuello.


Esa noche no soñé, solo recordé su rostro en todas las formas que había adoptado en dos años y su voz diciéndome mil veces: Vuelve, vuelve cuando podamos estar juntos ¿me lo juras?

A final de cuentas no había tenido que volver a su lado como pensábamos, solo permanecí escondido del mundo a la sombra que me dio su cariño. Pensar que estaba aterrado y ahora dormía con ella en el City. Con mil cosas pasando por mi cabeza. Viéndola en el teatro fumando. Viéndola en mi pieza llorando, en el foro de la universidad tiritando pegada a mi cuerpo. La vi como mi gran temor y mi mejor experiencia en la vida.

En un momento todo se borró y quedé en blanco. Escuchando su respiración. La acaricié. Abrí los ojos y ella me estaba mirando. Medio dormida me dijo:


-Gracias por esperarme Luis. Te amo.


Y en mi cabeza no dejaba de repetirme: Bien Luis, lo hiciste bien. Puedes descansar en paz.




Conce, diciembre 2008.